A estas alturas parece que en la alta cocina ya se han roto todos los límites y ya no es posible sorprender. Sin embargo, Donaire demuestra que hay formas de innovar que aún pueden llamar la atención de los comensales. Ubicado en el Sur de Tenerife, Donaire ha decidido explorar una vía poco transitada: usar el universo técnico y conceptual de la pastelería como motor creativo para el desarrollo de la cocina salada. ¿El resultado? Platos que combinan precisión, profundidad y una filosofía muy clara: la técnica está siempre al servicio del sabor.
Cuando el craquelin y el praliné dejan de ser “solo” postres
Uno de los ejemplos más llamativos de este enfoque es nuestro “choux”, un plato que combina mojo rojo (destacando ese punto Canario) y un praliné de maní. El craquelin, tradicionalmente reservado para la pastelería, se incluye en este plato salado aportando su textura crujiente.

En Donaire no jugamos a disfrazar lo dulce de salado, se trata de aplicar procesos pasteleros como fermentaciones, emulsiones o glaseados al desarrollo de los platos principales. El resultado es una experiencia que intriga y que abre nuevas vías de disfrute.
De la vitrina de pasteles al plato principal: un viaje creativo
El equipo de Donaire es joven, con energía, curiosidad y algo que consideramos vital en la alta cocina, inconformista. En las dinámicas internas de creación, como briefings regulares o lluvias de ideas, es habitual que surjan propuestas que cruzan los límites establecidos en la gastronomía. La bollería inspira formas y texturas, la heladería introduce temperaturas y contrastes, y la chocolatería sugiere procesos de templado o combinaciones inesperadas.
Este enfoque convierte la cocina en campo de experimentación muy fértil pero con una base sólida. Aquí todo está fundamentado: desde el dominio técnico pastelero hasta el conocimiento del producto local.
Técnica al servicio del sabor
Nuestro mantra diario en Donaire es que la técnica no es el fin, sino el medio. En cada plato, el objetivo es claro: que el cliente disfrute y quiera regresar. Que la sorpresa inicial no opaque la profundidad del sabor, sino que trabajen mano a mano. Y creemos que es precisamente esta actitud la que marca la diferencia: no se trata solo de hacer algo llamativo, sino de construir una experiencia gastronómica coherente desde que el comensal entra por el vestíbulo del hotel y hasta el último bocado.
Cocina viva, mente inquieta
En Donaire, cada plato nace en su primera versión y va evolucionando con el tiempo. Siempre buscamos innovar. Esa mentalidad de mejora continua, esa mezcla entre exigencia técnica y creatividad, es el verdadero secreto detrás de nuestra cocina. Y es ahí donde la pastelería, entendida como disciplina rigurosa, encuentra su lugar como laboratorio perfecto para la innovación salada.